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Blockchain: la posible solución para transparentar la democracia

La política en el mundo ha divido a los distintos sectores de la sociedad; por un lado están quienes la viven a fondo, teniendo en la mira a los principales actores políticos de cada país. Por el otro se encuentran quienes viven alejados de ella porque todo les parece “abuso de poder, corrupción y complot”.

Por más que nos cueste adentrarnos en ell, es vital que como ciudadanos seamos partícipes de la política a nivel nacional, tanto para vigilar a quienes ejercen los cargos públicos como para asegurarnos de que las decisiones que tomen sean para el beneficio de todos.

Uno de los argumentos que en ocasiones nos mantienen lejos, por ejemplo, de las elecciones, es que no confiamos en las instituciones: en nuestro caso ni en el Instituto Nacional Electoral (INE) ni en los partidos políticos.

Los datos apuntan a que aunque la confianza en el INE se mantiene entre 6 de cada 10 ciudadanos, los partidos políticos son las instituciones en la que menos confiamos.

Esta desconfianza ha sido producto de señalamientos de corrupción, compra de votos, manipulación de los mismos, amaño de elecciones, fraudes y un larguísimo etcétera.

Sin embargo, es vital que nos enrolemos en este tema, sobre todo para retomar el rumbo del país, además de que estamos a unos meses de elecciones presidenciales.

Una solución para vigilar la legitimidad de las elecciones sin depender de instituciones electorales es la propuesta por Santiago Siri, un programador argentino que presentó la plataforma Sovereign en el evento de “Innovadores Menores de 35 Latinoamérica 2017”.

Esta plataforma propone el uso del sistema blockchain para asegurar que, con la participación de todos, las elecciones sean seguras, legales y confiables.

Pero primero, ¿cómo podemos entender el blockchain en un lenguaje “para todos”?

El blockchain puede ser descrito, en lo personal, como una burocracia automatizada. La función de una burocracia es garantizar la confiabilidad de determinadas operaciones en donde históricamente lo que hacían las burocracias era depender de escribanos, abogados, contadores, banqueros y autoridades que certifican que las transacciones que están ocurriendo son legítimas, nos dice Santiago.

Lo que ocurre con un blockchain es que se pueden hacer el mismo tipo de operaciones, transacciones, certificaciones o validaciones, sin requerir de una autoridad central o de una persona con atributos especiales, sino que lo hace de una manera automatizada a través de una red digital que permite que las transacciones sean resistentes a la censura y de forma totalmente descentralizada.

Cada persona que participa en el blockchain guardando su dinero o lo que quiera, no puede ser confiscado ni manipulado por alguien más. En ese sentido el blockchain es un sistema innovador para plantear modelos institucionales o nuevas formas de gobierno.

Quizá implementar un sistema así podría ocupar una fuerte inversión:

Si uno mira lo que sucedió con Bitcoin, la inversión que atrajo al día de hoy ronda por los 200 mil millones de dólares. Para que alguien pueda atacar esta red se necesitan de esos 200 MMDD para poder manipularla, lo cual hace que el costo de ataque sea muy elevado.

Lo que sostiene la resistencia en la red es la gran capacidad de cómputo que al mismo tiempo se traduce en un costo de energía que está ahí para verificar las transacciones y garantizar que no haya un nodo que centralice todo.

El costo depende del funcionamiento porque a medida que haya mayores usuarios habrá mayor costo de energía para garantizar el uso de cómputo.

Requiere de igual manera un aprendizaje de cómo usar esta red que es, digamos, pública.

Para poner en contexto, para estas próximas elecciones el INE pidió un presupuesto de 25 mil MDP, esto sin la garantía de que no haya compra de votos.

Como ciudadanos, entonces, ¿cuál sería nuestro rol con el uso del blockchain?

Los blockchains están conectando a una sociedad global que poco a poco ha ido más allá de la gente que tiene que ver con computación, programación o finanzas. Poco a poco cada vez más personas se están conectando.

En el fondo, lo que plantea esta sistema es cambiar no sólo la capa cultural del Internet, sino la capa institucional, con nuevos modelos institucionales, nuevas formas de gobierno, nuevos tipos de financiamiento en los que cualquier persona puede funcionar libremente y que no está sujeto a la soberanía de ningún Estado o alguna ciudad, sino que es un nuevo concepto de soberanía: la soberanía personal.

Cada participante tiene garantías de preservar su valor, trabajo, bienes, etc., que no depende de autoridades centrales y esto es una transformación política bastante relevante.

Este sistema ya está siendo utilizado para el Bitcoin, como lo señaló Santiago, por lo que no sería nada del otro mundo implementarlo en los sistemas electorales a los que tanta falta les hace tener un poco de credibilidad.

Por: Daniel Jacobo

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