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Las emociones por encima de los hechos: vivir en la época de la posverdad

Cuando queríamos que nuestra opinión fuera escuchada no pensábamos que llegaría el día en que sería escuchada al grado de que puede llegar a ser tomada como verdad aunque no esté basada en ningún hecho probado.

De esto trata la “posverdad”, la palabra del año de acuerdo con el diccionario de Oxford.

La definición que Oxford le da a la posverdad es: “el fenómeno que se produce cuando los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales”.

Es decir, nos dejamos llevar por las emociones del momento más que por los hechos que  conforman ese mismo momento.

Esta posverdad se ha manifestado principalmente en asuntos políticos, como el caso de Donald Trump ganando las elecciones presidenciales de Estados Unidos o el asunto del Brexit.

¿Cuál es el origen de la posverdad?

De acuerdo con el filósofo A.C. Grayling todo parte después de la crisis financiera mundial en 2008 debido al crecimiento en la desigualdad de ingresos entre políticos y ciudadanos; esto también hizo estallar el inconformismo de la clase media, quienes han visto sus ganancias “estancadas”.

A esto se le suma el auge de las redes sociales, en donde las opiniones pululan al por mayor. Estas opiniones, en su gran mayoría, son emitidas sin fundamento alguno, en donde “mi opinión vale más que los hechos; si no estás de acuerdo conmigo, te ataco a ti directamente, haciendo a un lado tus ideas”, dice Grayling.

Fue en 2010 cuando David Roberts utilizó por primera vez el término “posverdad” para referirse a los políticos que negaban el cambio climático a pesar de la evidencia científica que existía.

El ejemplo perfecto de todo esto es Donald Trump:

Primero, desde el proceso electoral, el hecho de cómo fue escalando. Cuando anunció que se lanzaría a la contienda nadie lo tomó en serio; cuando participó para ser candidato creímos que no duraría; cuando fue elegido candidato por el Partido Republicano pensamos que no tendría oportunidad contra Hillary Clinton.

Precisamente por esta confianza que muchos estadounidenses asumieron fue por lo que Trump ganó. Confiaban plenamente en sus sentidos, creían que nadie votaría por él; la sorpresa fue que, de hecho, sí votaron por él y entonces no hubo contrapeso de estos que creían que no tenía oportunidad alguna.

Posteriormente, una vez electo, surgió el tema de las fake news, término que el mismo Trump puso de moda para acusar a los medios de comunicación por publicarlas.

Grayling señala que el problema de la “cultura online” es que la gente es “incapaz de distinguir entre realidad y ficción”.

¿A cuántos no les ha pasado que comparten una “breaking news” que resulta ser falsa? Nos dejamos llevar por el impacto del momento en lugar de revisar y asegurar que provenga de una fuente confiable.

Vivir en la época de la posverdad es muy peligroso, sobre todo cuando tenemos tan cerca una elección presidencial. Escucharemos e incluso seremos parte de “debates” en donde las emociones nos hagan explotar en lugar de intercambiar ideas que nos hagan razonar qué es lo que nos conviene y por qué.

 

Por: Daniel Jacobo (@soy_camel)

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