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Los bots en la “influencia” de las redes políticas

Cuando entramos a cualquier red social, de pronto nos encontramos con hashtags que nos saltan inmediatamente a la vista porque tienen que ver con actores públicos de la vida nacional, específicamente con políticos.

Sean positivos o negativos, resulta curioso que esos temas del momento no estén patrocinados. Cuando entramos a ver de qué se trata, notamos que varias cuentas/perfiles están tuiteando exactamente lo mismo; en ocasiones, su tuit es la repetición del mismo hashtag.

¿De qué se trata? ¿Un equipo de personas coordinadas para publicar lo mismo? ¿Una sola persona que maneja múltiples cuentas? ¿Un software malicioso?

Para entender el tema, platicamos con Gibrán Quiroga, quien es Jefe de Datos de Smart Data Intelligence, y quien nos explicó a detalle el fenómeno:

 

Bot es diminutivo para robot y se refiere usualmente a una cuenta falsa en redes sociales que difunde información con una tendencia marcada o simplemente con desinformación.

Suelen ser controlados por grupos de expertos en métricas, publicistas, politólogos, periodistas y demás profesionales creando estrategias –empíricas o metodológicas– para “sembrar” información en redes sociales.

Estos bots, al estar posteando constantemente lo mismo, pueden acrecentar la desinformación: es complicado medir el impacto que causa la desinformación. Sin embargo, en el caso de México una métrica de éxito es cuando un noticiero de la noche retoma la noticia falsa, puesto que esto genera en muchas ocasiones que periódicos pequeños o locales retomen la nota como cierta y se ha logrado impactar en redes sociales, tele y en medios impresos.

Un ejército de bots es capaz también de burlar algunos algoritmos, pues al generar diversos comentarios en una noticia falsa, provoca que la nota sea más relevante y se muestre a más personas durante más tiempo.

Por ejemplo, durante las campañas presidenciales del 2016 en Estados Unidos, el candidato ganador tenía una proporción de bots de 5 a 1 contra la candidata demócrata. Los estudios que se han realizado después de ésta elección demuestran que al menos los bots logran dos objetivos, generar un consenso alrededor de ciertos temas y crear una ilusión de mayor popularidad en línea que en la realidad.

Antes era sencillo reconocer un bot ya que su “cuenta” no contaba con foto de perfil, además de que su nombre de usuario era muy extenso o sin sentido. Pero ahora, las cosas han cambiado:

Es cada vez más complicado reconocer una cuenta automatizada debido al grado tan sofisticado que va adquiriendo la automatización, encima resulta muy común que las cuentas sean borradas una vez que cumplieron su cometido.

Pero una vez que nos topamos con alguno o con la información falsa que propagan, Gibrán nos dice que es clave nunca compartir éste tipo de desinformación, ya que sólo se continúa con el ciclo de desinformación. Solamente se pueden combatir denunciando el contenido directamente con Twitter o Facebook o la plataforma que esté distribuyendo el contenido falso.

Es recomendable tomar captura de pantalla de los contenidos y usuarios que difunden falsa información. Para organizaciones dedicadas a estudiar éste tipo de publicaciones les ha funcionado muy bien usar herramientas como “Zotero” para tomar capturas de pantalla de los usuarios y publicaciones, luego Excel para organizarlos.

Hoy en día su uso es más común de lo que creemos: se vuelve aún más accesible a más actores ya que existen empresas que dan sus servicios de forma gratuita a candidatos políticos con la promesa de que obtendrán futuras licitaciones en el gobierno.

¿Y por qué existen? ¿Quién los contrata? ¿Cuánto cobran?

Algunas empresas como Victory Lab cobran 55,000 dólares mensuales, más de un millón de pesos e incluye bots que parecen reales, contención de crisis, ataques y el flujo de información en varios sitios con fines noticiosos, de desinformación, de manipulación, de parodia, entre otros.

Victory Lab ha sido subcontratada también por firmas más grandes, que incluso llegan a cobrar 19 millones de pesos (más de un millón de dólares) mensuales, pero a su vez han llegado a contratar a ‘sectas’ de tuiteros, a quienes paga entre 20,000 y 30,000 pesos (hasta 1,600 dólares) al mes para que generen tendencias.

Los actores políticos están dispuestos a utilizarlos, pero, ¿con qué fin?

Los fines son diversos, pero en general los bots pueden poner temas de importancia para quien los utiliza en la agenda y algunos fines más específicos de los bots son: generar confusión, dar una falsa impresión de popularidad en línea, atacar y difamar a la competencia y propagar información falsa.

En cuanto a la manipulación de información, usualmente el proceso comienza con un usuario real o un Troll (un apasionado de opinar en redes sociales) quien crea un contenido sobre un tema real o polémico y lo tergiversa, a favor o en contra de alguien y luego un ejército de bots se encarga de difundir la mal información y de ésta forma manipulan los hechos reales.

Una consecuencia real es que se contamina el flujo normal de información y se llena de noticias falsas que ahora llegan a usuarios reales que para indagar la verdad necesitarán más tiempo y en muchas ocasiones ya no investigarán más.

Con esto es posible modificar la opinión pública, sobretodo cuando se trata de contiendas electorales, cuando los contenidos falsos divulgados por los bots son retomados por la prensa tradicional y generan mucha confusión.

Es muy riesgoso que se pongan ciertos hashtags en la agenda de temas sociales porque si llegan a tener una influencia considerable pueden llegar a influir en los resultados electorales.

Para mala fortuna, no existe ley que regule este tipo de acciones. El problema no son estos sitios de noticias falsas, el problema es que no hay fiscalización de recursos digitales.

Las plataformas como YouTube, Twitter, Facebook deben ser fiscalizadas, no los usuarios; porque las campañas de este tipo se están haciendo dentro de estas plataformas.

Por otro lado dichas plataformas demuestran cierta renuencia a una investigación más profunda por miedo a perder usuarios. Deberá existir mayor regulación en cuanto al uso y difusión de contenidos.

 

Por: Daniel Jacobo (@soy_camel)

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