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¿Por qué nos depilamos y rasuramos? ¿De dónde viene esa costumbre?

Entre la gran variedad de hábitos de belleza e higiene que tiene el ser humano, muy pocas veces nos preguntamos de dónde vienen estas costumbres. Una de ellas es el de la depilación.

Aunque no se conocen sus orígenes con certeza, hay pistas que nos ayudan a confirmar que la depilación ha sido una parte importante de la preparación y la belleza desde la prehistoria.

Existe la teoría de que la gente de las cavernas se cortaba el pelo por dos razones primordiales; si no se lavaban el pelo, podía emitir olores terribles que alejarían a las potenciales presas de los cazadores, o llamar la atención de depredadores.

También, una cabellera abundante es un palacio para piojos y liendres, por lo que una plaga sería una buena razón para deshacerse del vello. Y por otro lado, durante las batallas tener menos pelo equivalía a menos posibilidades de que el enemigo tuviera de dónde sujetarlos.

Las navajas de piedra para afeitarse debutaron hace unos 30 mil años. Alrededor del año 3000 a.C. las primeras maquinillas de cobre aparecieron en la India y Egipto.

Precisamente la cultura egipcia inventó muchos de los métodos que aún utilizamos hoy en día.

Solían quitarse el pelo de todo el cuerpo con excepción de las cejas. Si las mujeres tenían vello en el pubis y los hombres en la cara, se les consideraba incivilizados.

Alrededor del año 60 a.C. inventaron el proceso de adición de sacarosa, un método de depilación similar a la cera, la cual hoy en día se sigue utilizando como alternativa orgánica.

Hace 5000 años el método de Bande Abru (o el hilo) nació en Persia. Este se esparció a otros países como India, Arabia Saudita, Pakistán y China. Es una gran alternativa para quienes tienen piel sensible, pues es más tolerable que la cera.

Así como en Egipto y Persia, los romanos eran propensos a remover todo el vello de sus cuerpos. Todas las representaciones artísticas en pinturas y esculturas muestran tanto a los dioses como a los nobles prácticamente lampiños. Solo conservaban el de la cabeza.

En varias de las culturas antiguas era un evidente diferenciador de clases sociales. Sólo las clases bajas se dejaban crecer el cabello.

Posteriormente, en la Edad Media en Europa, las mujeres retiraban todo su vello facial, incluyendo cejas y el de la cabeza para aparentar una frente más amplia. Sin embargo, no retiraban el de sus cuerpos. Tanto las mujeres europeas como las americanas comenzaron a removerse el vello corporal desde hace aproximadamente un siglo.

En 1760 Jean Jacques Perret inventó la primera navaja de afeitar para los hombres.

Reducía los peligros de la práctica. Siguiendo sus pasos, el Dr. Gourard creó una de las primeras cremas depilatorias en los Estados Unidos, en 1844. Hoy en día las cremas son muy efectivas y populares entre mujeres, pero en esa época estaban diseñadas para hombres que lidiaban con barbas abundantes.

King Kamp Gillette comenzó una revolución del rastrillo en siglo XIX, creando el primer modelo en 1880, el cual se podía usar de manera más cotidiana y no era sólo para los ricos y las ocasiones especiales.

En 1915 creó el Milady Decollete, un rastrillo diseñado específicamente para las mujeres. Ese mismo año la revista de moda Harpers Bazaar publicó la imagen de una mujer con los brazos levantados sin pelo en las axilas, la primera vez que alguien lo hacía.

Esto resultó ser algo shockeante y las mujeres comenzaron a seguir esa moda con el fin de llevar estilos sin mangas, haciéndolo una costumbre totalmente normalizada hasta hoy en día, misma que comienza a ser contrarrestada por cada vez más mujeres que deciden dejar de afeitarse las axilas.

Como puedes ver la práctica de la depilación es milenaria, y existe tanto por razones higiénicas como estéticas.

Sin embargo, cada era es diferente y al parecer el modo tan estricto de reconocer la belleza a través de la ausencia de vello comienza a perder popularidad en ciertos sectores de la sociedad moderna.

Por: Natalia Montes (@natwow)

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