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¿Podrían las propiedades regenerativas del ajolote trasladarse al humano?

Las salamandras son unas criaturas sumamente interesantes. Son las reinas de la regeneración de tejidos, al contrario de los humanos y los mamíferos en general.

Dichos animalitos no pueden quedarse tuertos, cojos, ni mancos, gracias a esta excepcional habilidad y destreza, que no pierden ni siquiera al llegar a la edad adulta.

Desde hace tiempo esto ha llamado la atención de investigadores alrededor de todo el mundo, pues les es posible regenerar huesos, músculos y nervios de cualquier región de su cuerpo que haya sufrido una amputación.

Incluso es capaz de reparar su médula espinal, cerebro, corazón y el tejido de la retina en caso de lesión. Dicha habilidad no existe a ese nivel en ningún otro animal, por lo que hace que sus genes provoquen particular interés.

Cambian su mecanismo celular para la regeneración de extremidades desde uno basado en células madre musculares cuando son larvas, y a otro basado en fibras musculares esqueléticas, cuando pasan al siguiente estadío por medio de la metamorfosis.

Precisamente el ajolote mexicano es un representante clave de la familia de las salamandras para las investigaciones moleculares. Este animal endémico del Valle de México ha funcionado como un excelente modelo para basar estudios de desarrollo y evolución, gracias a la cualidad previamente mencionada. Ha sido estudiado desde hace 150 años.

¿Imaginas que las personas llegaran al punto de poder regenerar sus partes del cuerpo? Médicos y científicos se están dando la ardua labor de lograrlo, gracias a los fundamentos genéticos del ajolote.

De hecho, en enero de 2018 la revista científica Nature publicó que un grupo internacional de investigadores –en el que se encuentran científicos del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav)– por primera ocasión consiguieron secuenciar el ADN del ajolote.

Hallaron que posee un genoma 10 veces más grande que el del ser humano, es decir, tiene 32 mil millones de pares de bases de ADN, contra las 3 mil 200 millones del ser humano. Esto lo convierte en el genoma más grande que ha sido secuenciado en la historia.

Los investigadores se percataron de que después de perder una extremidad, un coágulo de células detiene el sangrado. Posteriormente una capa de células cubre el área del sitio amputado, formando una estructura llamada epidermis herida. Después las células de esta epidermis crecen y se dividen para formar una estructura conocida como blastema.

Se tiene la teoría de que la blastema está compuesta por huesos, cartílagos y músculos que se unen para volverse una especie de célula madre. Este descubrimiento podría servir para encontrar la clave de la regeneración de esta especie.

Indudablemente proporcionarán claves para la regeneración en otras especies (incluidos los mamíferos) y, posteriormente, traducirse en avances médicos para la regeneración en humanos, que es el objetivo a largo plazo.

Lamentablemente el ajolote está en peligro de extinción en su hábitat y sus poblaciones siguen disminuyendo. En 1998 se calculaban 6 mil ejemplares por kilómetro cuadrado, pero el censo de 2014 marcó una cantidad de 36 especímenes en esa misma superficie.

Esto se debe al crecimiento de la urbanización, las especies exóticas que los devoran (mojarra tilapia y carpa, que fueron arrojadas en los canales en los años 80, serpientes acuáticas, algunas aves y mamíferos) y la contaminación.

Sin embargo, la clave para su protección es que la gente se entere de lo maravillosa que es esta criatura, y ahora con este avance científico, podremos agradecerle mucho y promover aún más la importancia de su cuidado.

Por: Natalia Montes (@natwow)

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