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¡Aguas México! La problemática del agua se agudiza en el país

El acceso al agua en nuestro país está reconocido como un derecho humano establecido en la Constitución; sin embargo, del dicho al hecho hay una gran diferencia, sobre todo porque en distintas regiones del país el acceso al líquido vital es limitado o prácticamente inexistente.

                                                    

Otro de los tantos problemas con el agua en nuestro país comienza por la distribución geográfica de la misma, ya que esta no coincide con la distribución geográfica de la población. Existen grandes diferencias entre el sureste y el norte del país, en donde por un lado hay grandes inundaciones y problemas en la infraestructura, mientras que por otro existe gran escasez.

Por ejemplo, la zona centro-norte concentra alrededor del 27% de la población, pero genera el 79% del PIB y cuenta con sólo el 32% del agua renovable. Del otro lado de la moneda se encuentra la zona sur, que concentra al 23% de la población, genera el 21% del PIB, pero está el 68% del agua renovable en el país.

Si bien es cierto que es un derecho y que alrededor del 90% de la población tiene acceso al servicio, el problema radica en la calidad de agua que reciben.

¿En qué se utiliza el agua en nuestro país? Casi el 70% es utilizado para fines agrícolas, 15% como servicio público urbano, 7% para la industria y menos del 2% para uso doméstico.

Con el paso del tiempo, poco a poco hemos ido disminuyendo la disponibilidad de agua por habitante: en 2012, la población contaba con 4,028 m3 de agua al año; actualmente, es de 3,692 m3 y para 2030, se estima que la disponibilidad se reducirá a 3,250 m3 por habitante al año.

Además, en la distribución del líquido en las ciudades se llega a desperdiciar hasta un 40% por fugas en las redes de abastecimiento, distribución y tomas domiciliarias.

FOTO: RODOLFO ANGULO/CUARTOSCURO.COM

La Ciudad de México y la Zona Metropolitana conforman la región que más desperdicia el agua en todo el país, principalmente por dichas fugas.

Por si fuera poco, entre la mala distribución y el gran desperdicio de agua, también influye la contaminación del líquido para que el asunto hídrico sea un problema ya en México.

La contaminación del agua en México se da principalmente por las descargas de aguas residuales sin tratamiento, llámese de tipo doméstico, industrial, agrícola, de ganado o minero.

A finales de 2010, más de 70% de los cuerpos de agua en todo el país presentaron indicios de contaminación. ¡Más de 70%!

Sumado a esto, está la sobreexplotación de los mantos acuíferos. Veamos:

Los mantos acuíferos son una formación geológica compuesta de grava o arena que permite la circulación y almacenamiento del agua subterránea ya sea a través de los poros o grietas. El agua que se concentra aquí proviene de la infiltración de lluvias, lagos o ríos.

En México existen 653 mantos acuíferos, de los cuales –hasta 2015– había 105 sobreexplotados, 32 con presencia de suelos salinos y otros 18 con intrusión salina.

Su sobreexplotación tiene consecuencias graves en la calidad del agua, dado que puede haber intrusión salina o de agua “fósil”, la cual se vuelve nociva de manera natural por la adquisición de las sales y minerales a través de los siglos producto de los bombeos o la contaminación que se produce en ciudades y zonas agrícolas.

Para solucionar tantos problemas, nuestra legislación cuenta con la Ley de Aguas Nacionales (LAN), promulgada en 1992 y reformada en 2004.

El problema es que en esta legislación prevalecen problemas como los hábitos en el uso del agua,  la insuficiencia en cuanto a distribución en municipios, falta de coordinación entre instituciones federales y estatales, las tarifas, malas condiciones en la infraestructura, extracciones ilegales, así como la contaminación por descargas.

Ante esto, varias iniciativas sobre reformar la LAN han sido presentadas, destacando la llamada “Ley Korenfeld” –por el antiguo titular de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA)– la cual buscaba la privatización del agua, blindaje de tarifas sin importar el costo de estas y garantizar únicamente hasta 50 litros de agua por persona al día.

Esta ley fue rechazada, pero a principios de este 2018 se vino manejando un borrador de propuesta de ley que era idéntica a la Ley Korenfeld, la cual insistía en la privatización del líquido, así como en el impulso de la explotación de hidrocarburos mediante el fracking.

Afortunadamente, la idea se mantuvo al aire y no fue presentada al Congreso para su discusión… al menos no por el momento.

Otra de las medidas que se han tomado para intentar frenar la crisis hídrica en el territorio es el aumento de número de plantas de tratamiento de agua que se encuentran en operación; en 1992 se contaba unas 30. En 2016, eran ya más de 120.

Los tipos de tratamiento que se le da al agua son tres: el primario (ajustar el ph y remover materiales orgánicos y/o inorgánicos en suspensión); el secundario (remover materiales orgánicos coloidales y disueltos); y el terciario (remover materiales disueltos que incluye gases, sustancias orgánicas naturales y sintéticos).

Ante el reto que tiene México frente al desabasto y mala calidad del agua, no sólo es tarea del gobierno garantizar nuestro acceso al líquido vital, sino que es responsabilidad nuestra, como ciudadanos, limitar y mejorar nuestro consumo, evitar el desperdicio y trabajar en concientizarnos como sociedad acerca del problema que ya enfrentamos.

Y tú, ¿qué haces para cuidar el agua?

 

Por: Daniel Jacobo (@soy_camel)

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