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¿Nuestra alimentación es el punto de partida para la ética mundial?

Cuando escuchamos día con día los mil y un problemas que suceden no sólo en nuestra comunidad o país, sino en todo el mundo, creemos que no existe luz alguna que pueda regresarnos la esperanza en la humanidad.

Sin embargo, parece que existe un pequeño rayo donde menos lo esperábamos: en nuestra alimentación.

Existe la idea que los carnívoros usamos como excusa para defender nuestro alto consumo de carne, esa idea es que, literalmente, necesitamos de la carne para sobrevivir y forma parte del “ciclo natural de vida”.

Este punto no lo podemos negar, el detalle está en que ante el aumento de la población, nuestra necesidad de consumo cárnico ha alcanzado niveles estratosféricos y los números van en aumento. ¡Nunca en la historia de la humanidad habíamos consumido tanta carne! Así que esto nos lleva a preguntarnos: ¿realmente necesitamos comer tanta carne?

A pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado a los países de todo el mundo reducir el consumo de carne, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene previsto que –de seguir a este ritmo– para 2050 el consumo de carne aumentará en un 75%, y esto hará completamente insostenible nuestro sistema alimentario.

No todo se trata únicamente del consumo de carne, sino que también de los productos que derivan de los animales, partiendo desde los productos lácteos hasta el uso de sus pieles.

El consumismo nos ha orillado a dejar de pensar en los animales como seres vivos y más bien nos hace verlos como proveedores de alimento o de distintos productos.

Pero como mencionamos al principio, no todo está perdido y la esperanza podría estar realmente en nuestra alimentación. En un cambio en nuestra alimentación.

Las dietas vegetarianas y veganas tienen mayores beneficios de los que uno podría pensar, empezando por lo primordial: se respeta la vida animal en un 100%.

Entre los beneficios que este tipo de dietas nos dejan está el hecho de que podemos tener una nutrición más saludable gracias al consumo de frutas, verduras y cereales.

La exclusión de la carne reduce la cantidad de grasas saturadas y transgénicas que llegamos a consumir.

Desde luego que para seguir esta dieta de manera correcta y para evitar descompensaciones que podrían perjudicarnos, lo recomendable es acercarse a un nutriólogo para que nos explique a detalle cómo podemos llevar esta alimentación para obtener los beneficios en lugar de los perjuicios.

Cabe señalar que no necesariamente tienes que dejar de consumir carne en su totalidad, pero es bueno tanto para el medio ambiente como para tu salud reducir las cantidades.

Por ejemplo, la profesora de Ingeniería Química Sostenible en la Universidad de Manchester, Adisa Azapagic, contó en una entrevista al HuffPost que “la carne roja […] tiene una elevada huella de carbono, porque las vacas y ovejas emiten metano, un potente gas de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global y al cambio climático. […] Por tanto, al comer menos ternera y menos cordero puedes ayudar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y sus consecuencias sobre el cambio climático”.

Respecto a este último testimonio, habría que agregar el dato de que –de acuerdo con Greenpeace– cerca del 75% de la superficie agraria mundial se destina a la alimentación y crianza de animales. Además, el uso de fertilizantes sintéticos nitrogenados en la agricultura provoca que se contaminen los mantos acuíferos, así como los ríos y los océanos.

¿Qué dicen quienes han decidido entonces optar por una alimentación distinta respecto al cambio de visión en la ética no sólo en cuanto a lo que comen, sino en cada aspecto de su día a día?

Platicamos con distintas personas vegetarianas sobre el tema:

Mary Carmen

Comencé porque escuché mucho acerca del impacto que tiene en el medio ambiente el consumo de carne, los miles de litros de agua que se gastan  para la producción de un solo kilogramo de carne y todo el alimento que es utilizado para engordar a los animales, que podría ayudar a combatir el hambre de los seres humanos. Otra es el mal trato que se le da a los animales en los rastros y granjas, en donde literalmente son explotados y muy maltratados. Siento que contribuyo un poco a ayudar al planeta y disminuir la violencia animal.

Lo he llevado gradualmente, no me costó trabajo porque ya llevaba mucho tiempo pensándolo y queriéndolo hacer. En principio hace más de cuatro años que no como carne de cerdo, después fui dejando la carne de res y el pollo, y aún estoy en proceso de dejar el pescado. Fui con una nutrióloga que me ayudó a medir porciones de proteína que debía consumir para poder dejar la carne, cosa que la verdad ahora ya no hago mucho, pero trato de alimentarme lo mejor posible.

No me arrepiento de nada y espero que en un futuro pueda dejar los lácteos y productos derivados de origen animal; pero por lo pronto, creo que así estoy bien.

Emilio

Yo fui vegetariano desde que nací: nada de carne ni pescado. Sí tomaba leche y sus derivados. Pero cuando tenía 18 años decidí comenzar a comer aquello que no había probado o conocido, y la verdad me gustó la carne (empecé con atún y tacos de suadero).

Ahora, el ser vegetariano ya se puso de moda e inclusive ya hay restaurantes exclusivamente vegetarianos, pero yo recuerdo que en los tiempos en los que no comí carne me veían muy extraño, como un fenómeno.

Mi madre tenía la filosofía de “eres lo que comes” y por ello nos lo inculcó desde pequeños. Se puso de moda por el tema de ser saludables. La verdad es que retomaría la dieta porque es sano, previene muchas enfermedades, pero los platillos con carne son muy ricos.

 

Diana

La verdad es que comencé por dos factores: venía saliendo de un desorden alimenticio y el veganismo fue una forma de curar la relación que tenía con la comida. Sí creo que es una dieta más saludable si la llenas de vegetales, frutas y carbohidratos.

Por otra parte, después de leer “Skinny Bitch”, de Kim Barnoulin, mi perspectiva hacia la industria alimenticia cambió completamente. Es un libro que explica no sólo los valores nutricionales de una dieta libre de productos de origen animal. También expone de una forma cruda la realidad detrás de las empresas como Monsanto y los procesos bajo los que fabrican sus productos.

Es un proceso difícil, mi familia es del norte –jaja– entonces la carne es algo que siempre ha estado presente en mi vida. Igual siento que socialmente la gente cree que lo haces por pose y no porque comprendas los beneficios detrás de. Pero mi cuerpo sí sintió un cambio de energía. Incluso problemas como el acné se fueron curando.

En nuestro país sigue siendo difícil encontrarte con opciones que no tengan ningún producto de origen animal, sobre todo cuando comes fuera de casa.

Creo que sí puede ser un punto de partida para cambiar perspectivas éticas, sobre todo porque comienzas con algo tal vez estético, como yo. Pero después comienzas a concientizar todo lo que consumes, ya no sólo alimentos. Por ejemplo productos que no hagan pruebas con animales o generar menos desechos.

Creo que es como abrir una puerta nueva.

Es sumamente importante que revisemos qué es lo que estamos consumiendo, no sólo en el aspecto alimenticio. Lo importante es generar un cambio pequeño para que poco a poco este sea un cambio tan grande que te ayude no solamente a ti sino a tu gente cercana a y después al mundo.

 

Por: Daniel Jacobo

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