La industria nos come vivos y nosotros no sabemos qué comemos

La industria de los alimentos está llena de engaños. Los procesos industriales y la publicidad nos han orillado a no tener ni idea de que es lo que día a día nos comemos.

 

Lo que está claro es que a los productores no les importa nuestro bienestar, solo les importa que consumamos lo que sea que se les ocurra vender.

 

Las recetas infalibles para que un alimento sea rentable ($) se basan en alterar y el producto original, añadiendo ya sea sal, grasas, químicos y por supuesto, azúcar.

 

Entonces, el producto en bruto se vuelve un derivado rebajado que pierde su valor nutricional, pero que aguanta mucho tiempo en la alacena. (Y encima, nos causa adicción).

 

Incluso lo que no está empacado tiene su lado oscuro. Las carnes están llenas de hormonas para provocar el crecimiento acelerado, y las frutas y vegetales son cultivadas con Monsanto o están llenas de pesticidas.

 

LA MAGIA (NEGRA) DEL MARKETING

 

Casi todos los engaños se los debemos a la publicidad tramposa que es capaz de colocarse dentro de la legalidad, por lo que se salen con la suya al evitar sanciones.

 

Las marcas gastan millones y millones en el marketing de sus productos, y el problema es que rara vez nos ponemos a leer los ingredientes o a preguntarnos el verdadero origen de lo que estamos consumiendo.

 

Nos basta con leer las letras grandes de la etiqueta para echar a dormir a nuestro cerebro y comprar lo mismo de siempre.

 

ALGUNOS EJEMPLOS

 

Jugos que no son jugos. En realidad son néctares, lo que significa que tienen el 50% de pulpa de fruta, y el resto está completado con agua y azúcares.

Pan ¿multigrano? Estamos acostumbrados a asociar el color café en el pan es sinónimo de producto saludable. Si te fijaras mejor en los ingredientes, te darías cuenta de los porcentajes del “multigrano”. Si, tienen más que solo trigo, pero los porcentajes avena, centeno, o semillas en ocasiones son de menos del 1%.

 

 

Los huevos de gallina libre. Quizás la palabra libre suene a campos gigantes y facilidad para correr y revolotear. Pero también puede significar una mera ausencia de jaula. Gallinas criadas en suelo, pero no necesariamente con acceso al aire libre.

 

 

Jamón: el nombre universal para las rebanadas de embutido. Realmente ha perdido su significado original, que denomina rebanadas de las patas traseras de los cerdos. Ahora el jamón “york” no es más que partes no-tan-nobles del cerdo compiladas en una misma mezcla. Igual que las salchichas.

 

 

Leches especiales. Antes encontrabas leche y leche deslactosada. Luego llegó la light. Ahora especiales para niños, mujeres, ancianos. Todas con la excusa de estar enriquecidas con nutrientes especiales para cada tipo de persona. Y claro elevando el precio gracias a este supuesto valor agregado, que para nada hace falta si sigues una dieta correcta.

 

Como estos ejemplos hay muchos.

 

Incluso los productos con el sello de “orgánico” han resonado y se han popularizado en la sociedad moderna. ¿Pero que no todo lo perecedero es orgánico?

 

Es prácticamente redundante decir “alimentos orgánicos”. La vida entera es orgánica. Pero el punto de dicha etiqueta es que ya casi todo pasa por un proceso industrial, rozando hacia lo artificial y dicho producto es más ortodoxo en su creación.

 

Tan descabellado como pensar en por qué existen productos ecológicos. ¿Qué no todo lo orgánico debería de ser ecológico? El problema es que nos venden comida química, comida que ya casi es de plástico, o que tiene residuos de aserrín.

 

La cuestión es que dejemos de ser tan manipulables. No creas todo lo que está en las etiquetas, lee los ingredientes. No creas las promociones, indaga un poco más. Cambiar de hábitos sustituir las marcas que solemos comprar puede ser difícil, pero a largo plazo nuestra salud vale más que las comodidades.

 

Recuerda que existe la PROFECO (Procuraduría Federal del Consumidor). Ellos nos protegen de estas falsedades, pero necesitan reportes y denuncias para abrir estudios e investigaciones para evidenciar o incluso dar de baja los productos fraudulentos.

 

¿Conoces más mentiras de este tipo en la industria de los alimentos? ¿Qué tanto te fijas en lo que consumes?

 

Por: Natalia Montes (@natwow)

 

Fuentes: El País, Antropología Nutrición, PROFECO, Lemongrass Path.