La medicina tradicional no es un mito

Antes de que se produjera el desarrollo y los avances en la que hoy conocemos como medicina “convencional”, la solución a los dolores o enfermedades que padecía la gente eran atendidos, prácticamente, con lo que se tenía a la mano.
 

Fue entonces que los conocimientos adquiridos por aquellas personas que se convirtieron en curanderos fueron pasando de generación en generación y continúan siendo aplicados hasta nuestros días de manera paralela a la medicina convencional.
 
De acuerdo con las Pautas Generales para las Metodologías de Investigación y Evaluación de la Medicina Tradicional de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la medicina tradicional es “todo el conjunto de conocimientos, aptitudes y prácticas basados en teorías, creencias y experiencias indígenas de las diferentes culturas, sean o no explicables, usados para el mantenimiento de la salud, así como para la prevención, el diagnóstico, la mejora o el tratamiento de enfermedades físicas o mentales”.
 
A este tipo de medicina también se le conoce como “complementaria” o “alternativa”; estos términos se utilizan dependiendo el país o la región y se refieren a un conjunto amplio de prácticas de atención de salud que no forma parte de la propia tradición del país y que no están integradas al sistema sanitario principal.
 
Una de las razones por las que la medicina tradicional está tan arraigada en nuestro país es precisamente por la extensión de población indígena en el territorio: 11 millones de habitantes indígenas según datos gubernamentales. Es decir, cerca del 10% de la población.
 
Dentro de la medicina tradicional se utilizan los “medicamentos herbarios”, los cuales se dividen en hierbas (hojas, flores, semillas, etc.), materiales herbarios (aceites, gomas, polvos), preparaciones herbarias (se componen de materiales herbarios triturados se producen por procesos biológicos o físicos) y productos herbarios acabados (son preparaciones herbarias hechas a partir de una o más hierbas).
 

A lo largo de la historia el uso de los medicamentos herbarios se ha establecido muy bien en distintas regiones por su eficacia.
 
De igual manera la actividad terapéutica que incluye la prevención, el diagnóstico y el tratamiento satisfactorio de enfermedades físicas y/o mentales, así como el alivio de los síntomas y la recuperación del estado físico y mental del organismo, han hecho de la medicina tradicional una opción que se mantiene viva hoy en día.
 
Para contextualizar la situación del uso de la medicina tradicional en el mundo van los siguientes ejemplos:
 
De acuerdo con la OMS el uso de esta medicina en países en los que la medicina convencional es limitada, se acude a la tradicional. En África la cantidad de curanderos tradicionales por habitante es de 1 a 500, mientras que de médicos convencionales es de 1 a 40 mil, por lo que la gente –especialmente quienes viven en zonas rurales– acuden a los curanderos.
 
Por influencias culturales e históricas, en naciones en donde el sistema de salud está muy bien establecido, como Singapur o Corea del Sur, su población (76% y 86% respectivamente) continúa recurriendo a la tradicional.
 

Por otra parte en países en los que la estructura de su sistema de salud es completamente rígida y no cuentan con una historia de medicina tradicional, utilizan esta última como una terapia complementaria.
 
¿Por qué sigue siendo tan recurrida? Una de las principales razones es la posibilidad de reducir gastos.
 
Precisamente por la vigencia que esta medicina tiene hasta nuestros días, la OMS ha trazado una estrategia de 10 años en la que se establecieron políticas y reglamentos, una análisis de en qué situación se encuentra en el mundo, y finalmente una serie de objetivos a cumplir durante el lapso de 2014 a 2023.
 
La finalidad de esta estrategia es ayudar a las autoridades sanitarias de cada país para que encuentren soluciones que propicien una visión mucho más amplia respecto al mejoramiento de la salud y autonomía de los pacientes.
 
Pero como todo, existen riesgos al utilizar la medicina tradicional, como lo son la utilización de productos de mala calidad, adulterados o falsificados; practicantes no cualificados; diagnósticos equivocados o tardíos y falta de utilización de tratamientos convencionales eficaces; exposición a información engañosa o poco fiable; eventos adversos directos, efectos secundarios o interacciones terapéuticas no deseadas.
 

Por ello los objetivos estratégicos a cumplir para evitar toda clase de riesgos en el ámbito internacional son:
 
Desarrollar la base de conocimientos para la gestión activa de la medicina tradicional por medio de políticas nacionales apropiadas.
 
Fortalecer la garantía de calidad, la seguridad, la utilización adecuada y la eficacia de la medicina tradicional mediante la reglamentación de sus productos, prácticas y profesionales.
 
Promover la cobertura sanitaria universal por medio de la apropiada integración de los servicios de medicina tradicional en la prestación de servicios de salud y la auto atención de salud.
 
Habrá que estar al tanto de los resultados que surjan de la aplicación de dicha estrategia y ver cómo es que la medicina tradicional se desarrolla, además de cómo continúa integrándose a nuestro día a día, sobre todo dándole un uso ético y honesto para llevarla de la mano con la medicina convencional a favor de la salud de la población mundial.
 
 

Por: Daniel Jacobo (@soy_camel)